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Morir de hambre

Un adulto que no consigue ingerir 2.200 calorías de comida al día pasa hambre. Un chico que no consigue sus 700 o sus 1000, según su edad, pasa hambre.
El hambre es un proceso, una lucha del cuerpo contra el cuerpo.
Cuando una persona no consigue ingerir sus 2.200 calorías por día, pasa hambre, se come. Un cuerpo hambriento es un cuerpo que se esta comiendo a sí mismo -y ya no encuentra mucho más.
Cuando un cuerpo come menos de lo que necesita empieza por comerse sus reservas de azúcar; después las de grasa. Cada vez se mueve menos: se pone letárgico. Pierde peso y pierde defensas. Su sistema inmunitario se debilita por momentos. Lo atacan virus que le causan diarreas que lo van vaciando. Parásitos que el cuerpo ya no sabe rechazar se le instalan en la boca, duelen mucho; infecciones bronquiales le complican la respiración y duelen mucho. Al fin empieza a perder su escasa masa muscular: ya no puede pararse y pronto no podrá moverse; duele. Se acurruca, se arruga: la piel se le pliega y se le quiebra; duele. Llora despacio; quieto, espera que se acabe.
Poca gente -demasiada gente- se muere directamente de hambre. Muchísima se muere de enfermedades o infecciones que son mortales porque sus cuerpos debilitados por la poca comida no pueden combatir; enfermedades o infecciones que una persona normalmente alimentada ni siquiera notaría.
Poca gente -demasiada gente- se muere directamente de hambre. La mitad de los niños que mueren antes de los cinco años en un país como Níger mueren por causas relacionadas con el hambre.

Extraido del libro de Martín Caparrós, El Hambre. Editorial Anagrama, colección Argumentos, página 22

Montse Vallmitjana
Vice Presidenta

 

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